Compartir
Del primer entrenamiento al disfrute: cómo construir y sostener un hábito deportivo
Comenzar una actividad física es una decisión. Convertirla en un hábito es un proceso.
Muchas veces pensamos que hacer ejercicio depende solamente de tener voluntad. Sin embargo, cuando incorporamos una práctica deportiva, nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra energía necesitan atravesar un período de adaptación.
Al principio puede costar empezar. Después aparecen las primeras molestias, el cansancio o la sensación de que el cuerpo todavía no responde como esperamos. Con el tiempo, comienzan a desarrollarse nuevas capacidades: respiramos mejor, tenemos más resistencia, conocemos nuestro cuerpo y podemos sostener esfuerzos que antes parecían difíciles.
Y en algún momento sucede algo importante: dejamos de entrenar solamente porque “hay que hacerlo” y comenzamos a disfrutar del proceso.
Desde una mirada bioenergética, este recorrido puede observarse en diferentes dimensiones: física, emocional y energética.
1. Empezar: pasar de la intención al movimiento
Toda práctica deportiva comienza con una decisión.
Puede ser volver a caminar, comenzar a correr, ir al gimnasio, practicar yoga, nadar, andar en bicicleta o incorporarse a un deporte grupal.
En esta primera etapa, el desafío principal suele ser crear el hábito.
El cuerpo todavía no está adaptado al nuevo esfuerzo y es importante respetar los tiempos individuales. Comenzar progresivamente, aprender la técnica, descansar y prestar atención a las señales corporales son parte del entrenamiento.
También aparece un aspecto emocional: pasar de pensar “debería hacer ejercicio” a construir una experiencia concreta de movimiento.
La regularidad no nace de exigirse más cada día, sino de encontrar una forma posible de sostener la práctica.
Primer paso: empezar.
2. Adaptarse: cuando el cuerpo comienza a entrenar
Una vez que la actividad se vuelve más frecuente, el cuerpo empieza a adaptarse.
Los músculos reciben estímulos diferentes, aumenta la demanda respiratoria y cardiovascular y pueden aparecer cansancio, rigidez o molestias musculares, especialmente cuando se incorporan movimientos nuevos o aumenta la intensidad.
Esta etapa requiere aprender a diferenciar entre el esfuerzo propio del entrenamiento y las señales que indican que debemos detenernos o consultar a un profesional.
El descanso también forma parte del entrenamiento.
No se trata solamente de cuánto hacemos, sino de cómo recuperamos nuestro cuerpo después del esfuerzo.
Acompañar el estrés muscular
En algunas personas, el estrés cotidiano también puede expresarse corporalmente a través de tensión y contracturas. El cuello, los hombros y la zona cervical pueden convertirse en lugares donde se acumula esa carga.
El Regulador Estrés Muscular MBU es un compuesto fitoenergético orientado, según su formulación, a situaciones de estrés que se somatiza a nivel muscular, especialmente en la zona cervical y occipital. Su propuesta busca acompañar la relajación del sistema nervioso, la liberación de tensión emocional y la armonización del eje mente-cuerpo.
Su composición reúne hierbas como lavanda, cedrón y toronjil, junto con las flores MBU Romero, Jazmín de Hungría y Verónica.
Es importante comprender que un preparado de este tipo forma parte del acompañamiento y no reemplaza la evaluación profesional cuando existe dolor persistente, una lesión o cualquier síntoma que requiera atención.
3. Desarrollar capacidad: cuando el esfuerzo empieza a transformarse
Con la continuidad aparece uno de los momentos más gratificantes del entrenamiento: comenzamos a notar que podemos hacer más.
Caminamos más tiempo.
Corremos un poco más.
Subimos una pendiente que antes nos cansaba.
Recuperamos el aire más rápidamente.
Podemos sostener una clase completa.
El cuerpo comienza a desarrollar capacidad aeróbica y resistencia.
Pero esta transformación no es solamente física.
También cambia nuestra percepción de nosotros mismos.
Aquello que inicialmente parecía difícil comienza a formar parte de nuestras posibilidades.
El entrenamiento empieza entonces a generar una experiencia de confianza corporal.
4. Encontrar el propio ritmo
No todos entrenamos de la misma manera ni necesitamos alcanzar los mismos objetivos.
Una parte importante de construir un hábito deportivo consiste en descubrir qué actividad podemos sostener y disfrutar.
Para algunas personas será correr. Para otras, caminar, nadar, bailar, practicar un deporte, entrenar fuerza o participar de una actividad grupal.
Encontrar el propio ritmo implica dejar de comparar permanentemente nuestro proceso con el de otras personas.
El objetivo puede cambiar con el tiempo.
Al principio quizás sea simplemente moverse regularmente.
Después puede ser mejorar la resistencia.
Más adelante, ganar fuerza, participar de una carrera, aprender una nueva disciplina o simplemente sentirse mejor en el propio cuerpo.
5. Relacionarse: el movimiento también es encuentro
El ejercicio puede ser una experiencia individual, pero también puede convertirse en una forma de relacionarnos.
Entrenar con otras personas aporta motivación, acompañamiento, intercambio y pertenencia.
Un grupo de entrenamiento, una clase, un equipo deportivo o incluso una caminata compartida pueden ayudar a sostener la continuidad.
El vínculo con otros modifica también nuestra relación con la actividad física.
Ya no se trata solamente de cumplir con una rutina.
Hay un encuentro, un compromiso y una experiencia compartida.
6. Atravesar los momentos de desmotivación
Sostener un hábito no significa tener ganas todos los días.
Habrá momentos de cansancio, períodos de menor motivación, cambios de horarios, dificultades laborales, vacaciones, enfermedades o simplemente días en los que no queremos entrenar.
La diferencia entre una actividad ocasional y un hábito aparece precisamente aquí.
Aprender a volver es tan importante como aprender a comenzar.
Una pausa no significa necesariamente abandonar.
Podemos disminuir la intensidad, modificar la actividad o retomar progresivamente.
La continuidad no es perfección. Es capacidad de volver al camino.
7. Energía: aprender a escuchar el cuerpo
Cuando entrenamos regularmente, también aprendemos a reconocer nuestra energía.
Hay días para exigirse.
Hay días para sostener.
Hay días para recuperar.
La práctica deportiva puede convertirse así en una forma de desarrollar una relación más consciente con el cuerpo.
Observar cómo respiramos, cómo nos movemos, cómo recuperamos y cómo cambia nuestro estado emocional antes y después de entrenar permite construir una práctica más personal.
Desde la mirada bioenergética, esta escucha permite considerar a la persona como una totalidad en la que cuerpo, emociones y energía se encuentran relacionados.
8. Cuando entrenar comienza a ser parte de nuestra vida
El verdadero cambio aparece cuando la actividad física deja de sentirse como una obligación externa y comienza a integrarse a nuestra vida cotidiana.
Ya no necesitamos preguntarnos todos los días si vamos a entrenar.
Forma parte de nuestra organización.
Conocemos nuestro cuerpo.
Reconocemos cuándo necesitamos descansar.
Disfrutamos de determinados movimientos.
Valoramos los progresos.
Y, sobre todo, empezamos a experimentar algo fundamental:
el placer de sentirnos activos.
Ese disfrute es uno de los factores que puede ayudar a sostener una práctica en el tiempo.
Un recorrido en tres dimensiones
Podemos resumir el proceso de adquirir y sostener un hábito deportivo en tres dimensiones que se acompañan mutuamente:
🌿 Lo físico
Adaptar el cuerpo al esfuerzo, desarrollar fuerza y capacidad aeróbica, mejorar la resistencia y aprender a recuperar.
💚 Lo emocional
Atravesar la frustración, construir confianza, sostener la motivación, disfrutar los logros y relacionarse con otros.
✨ Lo energético
Aprender a reconocer los niveles de energía, equilibrar esfuerzo y recuperación y desarrollar una escucha más consciente del cuerpo.
Entrenar es desarrollar capacidad.
Sostener es construir un hábito.
Disfrutar es integrar el movimiento a nuestra vida.
Acompañar cada etapa
En Botica Casa Verde contamos con diferentes preparados MBU que pueden formar parte del acompañamiento de las distintas etapas relacionadas con la actividad física.
En esta primera aproximación nos enfocamos especialmente en el aspecto físico, emocional y energético, porque entendemos que el bienestar durante la práctica deportiva no depende de una sola dimensión.
En próximas notas podemos profundizar en diferentes momentos del recorrido: inicio del entrenamiento, recuperación muscular, resistencia y capacidad aeróbica, descanso, motivación, ansiedad previa a una competencia y disfrute del movimiento.
El propósito no es solamente hacer más ejercicio.
Es construir una relación sostenible con el movimiento y con nuestro propio cuerpo.
Los preparados MBU forman parte de una propuesta de acompañamiento bioenergético. No sustituyen el diagnóstico, tratamiento ni seguimiento de profesionales de la salud. Ante dolor persistente, lesiones, síntomas nuevos o dificultades durante el ejercicio, se recomienda consultar con un profesional.